Iluminados,
volemos de pie.
Nos esperan en Pompeya
los que, como nosotros,
sólo sintieron el estruendo.
Nos esperan para aprender
que la vida no resulta
sin cementerios,
que la aurora es una rutina roja,
que los dioses se pelean por el trono
y que no estaremos presentes
en el santo de Natalia.
jueves, junio 01, 2006
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